lunes, 8 de noviembre de 2010
Goodbye Kiss...
miércoles, 27 de octubre de 2010
Bienvenido bebé...

Hay algo que amo de mi trabajo, y es la oportunidad de presenciar la llegada al mundo de un bebé, de compartir con alguien que no conozco el mejor día de su vida. De sentir y ser parte de tanta felicidad.
A veces creo que no nos damos cuenta el peso que tiene, por eso decidí escribirlo y así también reflexionar un poco sobre lo que significa para mi.
Una vez un papá me dijo en el momento en que sostenía a su bebé por primera vez: “tu trabajo es el mejor trabajo del mundo!”. Y es verdad, al menos esa parte J.
Lo primero es el llanto que todos esperamos expectantes, y una vez que lo escuchamos sonreímos, tratando de hacerle entender a esa personita que es mejor estar afuera, que mamá y papá lo esperan con todo el amor posible de imaginar. Pero el bebé sigue llorando, así que le damos calor, lo secamos y les damos la mano para que se prendan de nuestros dedos y no se sientan tan solos. Algunos suelen prenderse con tanta fuerza, dando manotazos, sin entender por qué de repente hay tanto lugar para moverse.
Hay un momento especial, después que ya están vestidos y abrigaditos, en que dejan de llorar y comienzan a mirar todo a su alrededor, en silencio, es un momento hermoso. Se los ve como si estuvieran tratando de descifrar a donde llegaron, y es que es lo que hacen…
Entonces el papá o la mamá lo sostienen, lo abrazan, le dan la bienvenida con palabras suaves, y siempre, siempre, dejan de llorar. Hay lágrimas, sonrisas, miradas, nervios, pero sobre todo felicidad, y la sensación de que un mundo entero comienza a partir de este momento.
Que más que agradecer el poder ser parte de todo esto!!
Este post se lo regalo a mi amiga Gaia que está esperando un pequeño varoncito… Mis mejores deseos para ti y tu bebé!!
sábado, 18 de septiembre de 2010
La Mujer Esqueleto
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Había hecho algo que su padre no aprobaba, aunque ya nadie recordaba lo que era. Pero su padre la había arrancado al acantilado y la había arrojado al mar. Allí los peces se comieron su carne y le arrancaron los ojos. Mientras yacía bajo la superficie del mar, su esqueleto daba vueltas y más vueltas en medio de las corrientes.
Un día vino un pescador a pescar, bueno, en realidad, antes venían muchos pescadores a esa bahía. Pero aquel pescador se había alejado mucho del lugar donde vivía y no sabía que los pescadores de la zona procuraban no acercarse por allí, pues decían que en la cala había fantasmas.
El anzuelo del pescador se hundió en el agua y quedó prendido nada menos que en los huesos de la caja torácica de
El cazador, que se había vuelto de espaldas para recoger la red, no vio como su calva cabeza surgía de entre las olas., no vio las minúsculas criaturas de coral brillando en las órbitas de su cráneo ni los crustáceos adheridos a sus viejos dientes de marfil. Cuando el pescador se volvió de nuevo con la red, todo el cuerpo de la mujer había aflorado a la superficie y estaba colgando del extremo del kayak, prendido por uno de sus largos dientes frontales.
“¡Ay!”, gritó el hombre mientras el corazón le caía hasta las rodillas, sus ojos se hundían aterrorizados en la parte posterior de la cabeza y las orejas se le encendían de rojo. “¡Ay!”, volvió a gritar, golpeándola con el remo para desengancharla de la proa y remando como un desesperado rumbo a la orilla. Como no se daba cuenta de que la mujer estaba enredada en el sedal, se pegó un susto tremendo al verla de nuevo, pues parecía que ésta se hubiera puesto de puntillas sobre el agua y lo estuviera persiguiendo. Por mucho que zigzagueara con el kayak, ella no se apartaba de su espalda, su aliento se propagaba sobre la superficie del agua en nubes de vapor y sus brazos se agitaban como si quisieran agarrarlo y hundirlo en las profundidades.
“¡Aaaayy!”, gritó el hombre con voz quejumbrosa mientras se acercaba a la orilla. Saltó del kayak con la caña de pescar y echó a acorrer, pero el cadáver de
La mujer lo seguía por todas partes e incluso había agarrado un poco de pescado helado mientras él la arrastraba en pos de sí y ahora estaba empezando a comérselo, pues llevaba muchísimo tiempo sin llevarse nada a la boca. Al final, el hombre llegó a su casa de hielo, se introdujo en el túnel y avanzó a gatas hacia el interior. Sollozando y jadeando permaneció tendido en la oscuridad mientras el corazón le latía en el pecho como un gigantesco tambor. Por fin estaba a salvo, si, a salvo gracias a los dioses, gracias al Cuervo, si, ya la misericordiosa Sedna, estaba… a salvo… por fin.
Pero, cuando encendió su lámpara de aceoite de ballena, la vio allí acurrucada en un rincón sobre el suelo de nieve de su casa, con un talón sobre el hombro, una rodilla en el interior de la caja torácica y un pie sobr el codo. Más tarde el hombre no pudo explicar lo que ocurrió, quiza la luz de la lámpara suavizó las facciones de la mujer o, a lo mejor, fue porque él era un hombre solitario. El caso es que se sintió invadido por una cierta compasión y lentamente alargó sus mugrientas manos y, hablando con dulzura como hubiera podido hablarle una madre a su hijo, empezó a desengancharla del sedal en el que estaba enredada.
“Bueno, bueno.” Primero le desenredó los dedos de los pies y después los tobillos. Siguió trabajando hasta bien entrada la noche hasta que, al final, cubrió a
Buscó su pedernal en el dobladillo de sus pantalones de cuero y utilizó unos cuanto cabellos suyos para encender un poco más de fuego. Debés en cuando la miraba mientras untaba con aceite la valiosa madera de su caña de pescar y enrollaba el sedal de tripa. Y ella, vuelta en las pieles, no se atrevía a decir ni una sola palabra, pues temía que aquel cazador la sacara de allí, la arrojara a las rocas de abajo y le rompiera todos los huesos en pedazos.
El hombre sintió que le entraba sueño, se deslizó bajo las pieles de dormir y enseguida empezó a soñar. A veces cuando los seres humanos duermen, se les escapa una lágrima de los ojos. No sabemos que clase de sueño lo provoca, pero sabemos que tiene que ser un sueño triste o nostálgico. Y eso fue lo que le ocurrió al hombre.
Después, mientras permanecía tendida al lado del hombre, introdujo la mano en el interior del hombre dormido y le sacó el corazón, el que palpitaba tan fuerte como un tambor. Se incorporó y empezó a golpearlo por ambos lados: ¡Pom, pom!.... ¡Pom, pom!
Mientras lo golpeaba, se puso a cantar “¡Carne, carne, carne! ¡Carne, carne, carne!” y, cuanto más cantaba, tanto más se le llenaba el cuerpo de carne. Pidió cantando que le saliera el cabello y unos buenos ojos y unas rollizas manos. Pidió cantando la hendidura de la entrepierna, y unos pechos lo bastante largos para envolver y dar calor y todas las cosas que necesita una mujer.
Y, cuando terminó, pidió cantando que desapareciera la ropa del hombre dormido y se deslizó a su lado en la cama, piel contra piel. Devolvió el gran tambor, el corazón, a su cuerpo y así fue como ambos se despertaron, abrazados el uno al otro, enredados el uno en el otro después de pasar la noche juntos, pero ahora de otra manera, de una manera buena y perdurable.
La gente que no recuerda la razón de su mala suerte dice que la mujer y el pescador se fueron y, a partir de entonces, las criaturas que ella había conocido durante su vida bajo el agua, se encargaron de proporcionarles siempre el alimento. La gente dice que es verdad y que eso es todo lo que se sabe.
"Mujeres que corren con los lobos"
Clarissa Pinkola Estés
lunes, 16 de agosto de 2010
Esperando ese dia...

martes, 20 de julio de 2010
AmiGos !

sábado, 3 de julio de 2010
Vamos Uruguay!!


jueves, 1 de abril de 2010
Pink Glove Dance...
Este video llego a mis ojos por medio de una de mis maestras de la escuela (como si el aprendizaje nunca terminase). Se realizo con la finalidad de ayudar a recaudar dinero en la lucha contra el cáncer de mama y poder ofrecer mamografías a mujeres sin seguro médico. Las personas que lo actúan son más de 200 funcionarios del hospital en cuestión, enfermeros, médicos, laboratoristas, auxiliares de limpieza, auxiliares de cocina, administrativos, etc… todas esas personas que día a día son testigos de estas crueles enfermedades y por sobre todo del sufrimiento de las personas que las padecen.
viernes, 19 de marzo de 2010
A corazón abierto...
Esta vez te llegó el turno a ti… Estas palabras que vienen a continuación son para vos aunque estén al alcance de todos.
Es curioso como algunas conversaciones marcan un momento importante en una relación, por ejemplo un antes y un después. Cómo luego de cometer tantos errores unas pocas palabras son suficientes para hacer borrón y cuenta nueva.
Voy a ser más clara… desde aquella noche de videoconferencia a un país de distancia, yo tomando una cerveza y vos con un pobre vaso de agua, en donde decidimos (¿o fue que se dio naturalmente?) revolver en el pasado y dar algunas explicaciones, no he sido la misma.
No hemos tenido la oportunidad de repetir esa maratón única (que tal vez nunca se repita) y en vista de que no se cuando vendrás de nuevo, me pareció una buena idea hacerte llegar mi mensaje por este medio. Se que tarde o temprano lo vas a leer.
No se trata de una revelación ni nada por el estilo, pero es algo que significa mucho para mi después de todo lo que pasamos… y se que para vos también.
Desde aquel día que te fuiste, hace 5 años, cuando te di esa cálida carta de despedida (para los demás: estoy siendo irónica…) decidí que no te iba a extrañar, ni a vos, ni a mi amigo, ni a lo que fue que llegamos a ser en esos últimos meses.
Fue una decisión que mantuve firme, sin el más mínimo rencor, pero con una gran convicción. No fue nada fácil, te digo, hacer desaparecer por arte de magia una vida de amistad (y de las buenas!). Aunque por un tiempo lo logré, no me deje sentir tristeza, solo lo tomé como una de las tantas cosas malas que a uno le toca vivir. Y el hecho de que no estuvieras acá lo hacía más llevadero.
De todas formas… no fue hasta ahora que me di cuenta lo mucho que te he extrañado, y la falta que me hacían esas charlas en donde nunca hubo censura, y sí honestidad, acuerdos, desacuerdos y por sobre todo buenos consejos.
No puedo creer que nos llevó tanto tiempo hablar sobre lo que nos pasó. Especialmente porque fue tan grande mi desilusión que de verdad pensé que nunca volveríamos a compartir nuestras vidas como antes.
Por eso ahora me siento afortunada de saber que volvemos a estar el uno para el otro, de poder decirte que te extraño y que te quiero, de saber que esta amistad pasó por una de las pruebas más difíciles y aún se mantiene, no intacta… sino con más solidez.
Hace dos meses antes de irte me dijiste que lo mejor era despedirnos como si nos fuéramos a ver al día siguiente Yo te seguí la corriente, pero creo que no podes haber estado más equivocado. El mañana es algo incierto. Por esa razón te escribo hoy lo que preferiría decirte en persona y coronar con un gran abrazo…
Nos vemos pronto… y siempre…
lunes, 1 de febrero de 2010
Buscando...encontrando...aprendiendo...

Todo está mejor… me siento muy bien con todo lo que está pasando. Las oportunidades no paran de llegar. Es tan nuevo esto para mí, para mi yo anterior acostumbrado a la desesperanza y al miedo. Solo quiero decir que si estás leyendo esto y alguna vez sentiste que no podías con tus días, que no sabías que rumbo tomar, que no has encontrado la confianza en ti, te enfoques en encontrar la claridad.
Como funciona? No lo se. Solo se que yo lo hice y al cabo de unas semanas de algún lado surgieron muchas ideas claras dentro de toda la nebulosa que me rodeaba. Pedí también tener valor para enfrentarme a todo, para hacer frente a las adversidades, y no derrumbarme cuando las cosas no salen como fueron planeadas.
Pensé mucho en cada cosa que quería, poniendo prioridad a lo que más necesitaba y hoy lo tengo.
Cada día me siento más agradecida por todas las experiencias vividas y el sufrimiento de años anteriores, ya que me han enseñado mucho sobre quien soy y cuanto puedo soportar.
jueves, 14 de enero de 2010
Dejar ir...
Uno de los misterios más grandes para los seres humanos es la muerte. Nunca se está preparado para morir ni para ver morir a los seres queridos.Pasamos toda la vida tratando de entender lo que nos rodea, y muchas veces no caemos en la cuenta de que un día la vida como la conocemos acaba.
A veces cuando la muerte de alguien cercano llega sin aviso, debemos procesarla luego. Nos vemos acribillados con preguntas de todo tipo que tratamos de contestar sin certeza alguna. Queremos explicar qué pasó, porqué pasó, que hubiera sido si… Le damos vuelta al asunto hasta que empezamos a aceptarlo o a pasar las etapas propias del duelo, o incluso nos cansamos sin llegar a obtener esas respuestas.
Distinto es cuando sabemos que ese desenlace es inminente, que alguien o uno se va a morir pronto. En este caso lo procesamos en medio de esa cuenta regresiva. Siempre sumidos en una angustia interminable, aún cuando el individuo está sufriendo y no hay posibilidades de continuar con vida. Siempre se le tiene miedo a la muerte.
Yo no se muy bien que es lo que hay luego, es decir, no se aún en lo que quiero creer.
Recuerdo que cuando era una niña perdí a varios integrantes de mi familia y tuve el desagrado de participar en esa ceremonia de despedida a la que llamamos velatorio. Mi padre me tomaba en sus brazos y yo me tapaba la cara para pasar por el preciso lugar donde estaba el difunto rodeado de tules y flores, y así seguíamos hacia la otra sala.
Inmediatamente mi postura fue de disgusto ante esta modalidad, ya que lo percibí como una especie de exhibición del dolor de familiares y amigos a aquellos quienes estaban ahí para dar sus respetos. Veía con enojo la gente que se reía dentro de la sala de algún chiste o algún comentario que no venía al caso, mientras a mi no me cabía otra cosa que la tristeza. Desde ese momento pensé que de ninguna manera se debían hacer ese tipo de formalidades, lo mejor era despedir a la persona en un ambiente familiar (cuando digo familiar sin duda alguna me refiero a amigos también). Cualquier persona que quisiera presentar sus respetos lo haría en el funeral y punto.
Aún hoy pienso así, creo que es muy intenso para alguien que ha perdido una parte de si mismo, estar en ese lugar de pasividad mientras a su alrededor desfilan uno tras otro los dolientes presentando sus respetos.
No quiero ser ofensiva, se que hay muchos puntos de vista y hay quienes creen que es necesario que este encuentro se lleve a cabo, así todos pueden despedirse. Lo respeto.
Como también entiendo, luego de ir a uno que otro velorio, la necesidad de distensión por medio del famoso chiste que alguna vez me ofendió tanto.
Hace poco pensábamos con un amigo tras un día entero de duelo, como hay culturas que festejan la vida cuando alguien muere. En lugar de impulsar los sentimientos de pérdida y dejarse embargar por la angustia, deciden festejar la vida de ese ser que ya no está y homenajearlo de alguna manera. Recordar quien fue, y como llegó a ser parte de cada uno de los presentes. Suena increíble hacer algo así, y claro que requiere de mucha fuerza interior, pero también es un acto de dejar ir lo que ya no está.
Los budistas creen en el renacimiento, es decir que aún cuando se produce la muerte física hay continuidad del “yo verdadero” que podría entenderse como la esencia del ser.
Explican que los vínculos que unen a las personas no son solamente de esta existencia. Los que mueren viven dentro de nosotros, nuestra felicidad está compartida de forma natural con ellos. De modo que si los lloramos excesivamente sin lograr superar la pérdida, el “espíritu” del difunto siente la tristeza y no sigue su camino sino que se queda en la tierra aferrado a esa angustia.
Lo más importante para los que estamos vivos en este momento, es vivir con esperanza y esforzarnos para ser felices.
Claro que todo esto en teoría parece ser lo correcto, aceptar las pérdidas como realidades inalterables y aprender a lidiar con ellas resulta la manera más natural de afrontarlo. Solo que al momento de ponerlo en práctica resulta mucho más arduo, en especial cuando no forma parte de la cultura en la cual se vive.
Incluso creo que es justo lo más difícil de afrontar, el poder continuar viviendo sin ese ser amado. Sea como sea todo esfuerzo vale la pena y responde a cada uno, individualmente. Todos tenemos la fuerza para reponernos.